julio 15, 2010

Como encontrar una aguja en una pajar.

Hay una preocupación nacional por el aumento de la violencia, sobre todo si son los jóvenes los protagonistas, principalmente en los últimos días con el fatídico desenlace de los hechos que se dieron en una institución educativa. Yo recuerdo a mi abuela Amabilina, en mis años de juventud dándonos ultimatos a mí y a la manada de primos que me acompañaban, si tan sólo se nos hubiera ocurrido algo incorrecto. Pero mi abuela fue una mujer sabia, que entendía en esa época que la energía que emanábamos era una condición propia de los cambios de conducta y emocionales. Yo logre superar a duras penas todos esos alocados cambios y le doy gracias a la mano dura de mi padre y madre porque he logrado llegar a manejar y controlar mi identidad. La semana pasada recibí una llamada inquietante, mi sobrino de tan sólo 11 años; quien esta terminando su sexto grado en una escuela rural, fue víctima de un grupo de estudiantes quienes según las indagaciones son impulsivos, intolerantes y no se ajustan a las normas de la institución educativa. Este grupo suele actuar diariamente con amenazar a sus compañeros. Resultado, mi sobrino resulto con una paliza que no sólo le quebranto el cuerpo sino los deseos de continuar en la escuela. Mi pregunta es cuándo un adolescente llega a agredir física y psicológicamente e incluso llega a ser uso de algún tipo de arma; ¿cómo se le debe de calificar? ¿Cómo estudiante o cómo delincuente? Pero más allá de buscar la manera de castigar este tipo de conducta, debemos tratar de buscar el origen, -que es casi como encontrar una aguja en un pajar-. La psicología y otras disciplinas están para ayudar a comprender la conducta humana; de ese modo cuando los padres detectamos que los hijos desde temprana edad tienen problemas para controlar la ira, lo correcto es buscar ayuda profesional, -pero desgraciadamente encontrar padres que hagan lo anterior es como encontrar una aguja en un pajar-. Hay situaciones,donde los niños y jóvenes se encuentran en un entorno violento ,en la actualidad no se puede decir sólo entorno familiar violento, casos de familias muy pacificas que no se percatan de dónde virtualmente se encuentran sus hijos. Yo recuerdo en estos momentos a mi abuela Amabilina, tuvo una camada de 12 hijos y me parece escucharla decir- A su mamá y su papá usted los respeta- Ella era la primera en ¨echarnos al agua¨ cuando nos ¨jalábamos una torta¨-; pero gracias a esas estrictas demandas de mi abuela y su preocupación por poner límites las cosas resultaron para nosotros. Claro que estoy de acuerdo que se nos debió al menos darnos explicaciones del porque de las leñateadas, pero creo que en el momento se comprendía claramente. Me preocupa además, como el alcohol y las drogas están cada día más al alcance de nuestros hijos; mi hija mayor ahora en la madurez que le obliga sus nuevas responsabilidades y el cambio de cultura me llego a confesar que hasta sus profesores de secundaria organizaban actividades en donde le ofrecían licor, no fue fácil esa etapa para mi hija ni para mí. Pero parte de lograr superarla fue el cambio de cultura al que nos vimos inmersas y a regañadientes al principio no le quedo otra que aguantarse las ganas a pesar de tener 18 años a cumplir la ley de los 21 años. De 18 años a 21 años son tres años, que mi hija decidió esperar haciendo ejercicios y aprovechando y disfrutar de la vida en otras actividades más productivas que andar de parranda de bar en bar, unido a eso dejo la manía del cigarro. Pero que decidan en Costa Rica cambiar la edad para el permiso de venta de alcohol y cigarros a la edad de 21 años, es más fácil encontrar una aguja en un pajar. Los problemas sociales y la manera en que están hechos los mecanismos de control en las instituciones generan un tipo de violencia psicológica, lo digo por mi experiencia como madre y como educadora. Por ambas partes educadores y educandos la violencia sale a flote ya sea por frustraciones, complejos o por un sin número de razones. El aumento de casos de anorexia y consumo de drogas son indicadores de que algo no anda bien. Nuestros jóvenes están enfrentados a su adolescencia y unido a ello, se están revolviendo a problemas de desajuste de la personalidad, donde se les quiere castrar su espíritu creativo y aventurero, un espíritu con ansias de decir algo y producir algo, música, pintura, letras, teatro, deportes, lo que sea. Ahora bien, no se puede tapar el sol con un dedo y resolver esta carajada de la noche a la mañana, nuestro país no abre empezando desde la perspectiva cantonal mayores espacios; tanto en infraestructura como en acción para los jóvenes. Les están cerrando los espacios que en la actualidad se limita a las aulas y los centros comerciales. Otros tienen menos espacios pero se refugian en los bares y antros -generalizando un poco el asunto-. Nosotros los padres debemos trabajar un poco más con el ejemplo y sobre todo paciencia y constancia -que la cosa no es fácil-, pero quizás si sabemos nosotros resolver nuestros conflictos hablando, nuestros hijos aprenderán del ejemplo. También debemos ser constantes en el cumplimiento de nuestros deberes y de ese modo poder reforzar de manera positiva esa conducta en nuestros hijos, y cuando las cosas andan mal pues corregir tratando de no usar la violencia Debemos transmitir valores de generosidad, empatía, respeto por los demás, justicia en fin, valores que nuestros abuelos y padres supieron transmitirnos. Actualmente a través de mi esposo Fred, conocí la educación de la comunicación no violenta, es un tema apasionado que nos lleva a reflexionar en familia sobre cómo lograr comunicar nuestros sentimientos y emociones sin utilizar la violencia. La comunicación no violenta es aconsejable para llevarlo como materia en las clases de escuelas y colegios, sería bueno que el Ministerio de Educación se diera a la tarea de conocer más acerca de este tema, se sorprenderían de lo diferente que serian las circunstancias si se llevara a las aulas. Pero nuevamente eso es como encontrar una aguja en un pajar.

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